María, guardiana de nuestro corazón

«Con la mirada de María, mi corazón se encuentra en paz, sabiendo que es custodiado por su amor.» 

El último viernes del mes de mayo, Monte María se convierte en algo más que un espacio de aprendizaje. Sus pasillos, jardines y patios se transforman en un lugar de encuentro espiritual, donde la comunidad entera se une para rendir homenaje a la Virgen María. La Coronación no es solo una actividad del calendario escolar, es un momento que permanece guardado en el corazón de quienes lo viven. 

Este año, bajo el espíritu “Custodiar el corazón”, la celebración tuvo un sentido aún más profundo. Porque custodiar el corazón es detenerse, contemplar, agradecer y confiar. Es poner en manos de María todo lo que somos, todo lo que anhelamos, todo lo que tememos y todo lo que amamos. 

La jornada comenzó con una procesión que recorrió el Colegio entero, acompañada por la banda escolar. La imagen de la Virgen fue llevada en hombros por las graduandas, un gesto lleno de significado para quienes están por cerrar un ciclo y comenzar otro. No cargaron solo una imagen, llevaron consigo los sueños, las memorias y la gratitud de una etapa compartida. 

Párvulos, con la alegría que solo los más pequeños pueden dar, arrojaron pétalos al paso de la Virgen, como si el amor pudiera expresarse en pequeños colores que caen del cielo. Los alumnos de primaria prepararon altares con flores, velas y dibujos, detalles que hablaban del cariño que nace cuando se enseña a amar con el ejemplo. Las estudiantes de básico, cuarto bachillerato y el personal del Colegio trabajaron juntos en la elaboración de alfombras de aserrín. Cada diseño, cada color, fue una forma de preparar el camino con dedicación y respeto. 

Ya en el acto mariano, la solemnidad se mezcló con la emoción. Los cantos del coro, acompañados por el grupo de marimba, crearon un ambiente que invitaba a orar con el corazón abierto. Era una oración hecha música, una plegaria colectiva que subía despacio entre acordes y voces. 

Coronar a María fue más que colocar una corona sobre su imagen… fue un acto de amor. Un recordatorio de que, en medio de nuestras rutinas, siempre debe de haber un espacio para la fe. Que en un mundo que muchas veces corre sin rumbo, hay una voz maternal que nos llama a guardar silencio y a custodiar lo más valioso: el corazón. 

Y así, como cada año, Monte María entero se unió en un mismo espíritu. No se trató de una gran ceremonia con luces ni de discursos largos. Fue algo más sencillo y a la vez más profundo; una comunidad reunida alrededor de María, custodiando el corazón con flores, pasos lentos, cantos y oración.