Abril Soria López
Patricia Aldana
Banco de Monte María
El pasado 26 de abril, Monte María volvió a encender la chispa de la alegría con su emblemática Kermés 2025, una jornada que, más que una actividad escolar, fue una travesía colectiva por los senderos del asombro. Como todos los años, la imaginación fue la brújula y la creatividad el motor. Cada rincón del Colegio se transformó en un espacio vibrante donde la nostalgia, el misterio y la celebración se dieron la mano.
El corazón de esta odisea fue, sin duda, la discoteca organizada por V Bachillerato: una verdadera fiesta de rodeo ambientada en la mítica Ruta 66. Con botas, sombreros y luces al estilo western, la pista de baile se convirtió en una carretera sin fin, donde las graduandas —promoción 66— invitaron a todos a un viaje que mezclaba espíritu vaquero y libertad juvenil. El sonido de la música a todo volumen y la euforia del público tejieron una atmósfera única, donde cada paso de baile fue una huella sobre el asfalto de una ruta simbólica: la de sus últimos días escolares.
No menos inolvidable fue el regreso de la casa embrujada, esta vez con un giro más sombrío. Inspirada en una historia real, la atracción fue un manicomio envuelto en susurros y sombras, donde la locura era tan real como el escalofrío que recorría la espalda de cada visitante. Las alumnas que lo prepararon tejieron un relato que iba más allá del susto: una experiencia sensorial que jugaba con los límites de la razón y dejaba preguntas en el aire. Sin duda, uno de los momentos más comentados y aplaudidos del día.
Entre luces de neón y música disco, el salón de belleza organizado por III Básico ofreció un descanso entre tanto vértigo. Con una estética retro que recordaba las noches brillantes de los años 70, los asistentes pudieron relajarse, pintarse las uñas, peinarse o simplemente dejarse contagiar por la energía vibrante del lugar. Fue un espacio para el cuidado, la diversión y la estética; una pista de baile sin música, donde el ritmo lo marcaba la creatividad.
Junto a estas grandes atracciones, la Kermés también contó con un mosaico de juegos innovadores que pusieron a prueba la destreza, la puntería y la paciencia de chicos y grandes. Desde retos de ingenio hasta actividades físicas, cada stand fue una invitación a jugar sin importar la edad. Y como cada año, los sabores no se hicieron esperar: shukos, pupusas, pizza, granizadas, poporopos y otras delicias acompañaron cada paso, un delicioso recorrido para el paladar.
La Kermés Monte María 2025 no fue solo un evento: fue una celebración de lo que somos como comunidad. Una jornada donde la unión, la creatividad y la alegría se tejieron en un solo relato, con capítulos escritos por cada promoción, por cada juego, por cada carcajada. Porque en Monte María, cada año volvemos a celebrar que juntos, sin temor, podemos iluminar el camino. Y qué mejor forma de hacerlo que con una fiesta que aún resuena en la memoria como el eco de una campana lejana.